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Un amigo, Cedric Larcher junto a Pierre Délas de kairn.com nos acercan una reflexión sobre el mundo de la escalada, la ética deportiva y la responsabilidad de los medios especializados. Un debate del cual tanto deportistas, como los medios, se debe realizar, sobre todo en una actividad que conforme pasa el tiempo se profesionaliza cada vez más, la escalada en roca deportiva. El texto original lo pueden encontrar en francés aquí.
Una gran responsabilidad
La escalada tiene dos facetas. Por un lado, la competición, con sus normas ya establecidas y un calendario bien estructurado, desde el campeonato regional, pasando por las competiciones infatiles hasta los campeonatos del mundo. Las reglas están claramente definidas y las malas conductas (dopaje, trampas) se persiguen. Por otra parte, la escalada “amateur”, con su ética más o menos clara, sin competición, no hay nada en juego, el resultado no es algo muy relevante.
Entre estas dos vertientes, hay quien ha creído adecuado crear un sistema competitivo sin llamarlo directamente así. Por supuesto, siempre hubo competitividad en la escalada en roca; esta pugna de ver quién logra un encadenamiento, una vía, siempre ha sido uno de los factores estimulantes entre los escaladores. Al crear un sistema de puntos y clasificaciones, un portal de internet en particular ha contribuido ampliamente a la perversión del sistema. Incluso algunos patrocinadores tienen en cuenta este sistema para elegir a los miembos de su equipo, dando un valor más que simbólico a los pequeños embustes, exponiéndonos así a la multiplicación de estos.
Es evidente que no estamos hablando de casos sonados como los de Cesare Maestri o Tomo Cesen; los alpinistas no esperaron a Internet para crear polémica con sus ascensiones. Pero la relación entre escaladores, así como entre estos y la prensa especializada, está basado en un reconocimiendo tácito del valor del otro, y este se demuestra a través de sus realizaciones. Cualquiera que sea su nivel.
Cuando de manera puntual un escalador de nivel medio anuncia una realización extraordinaria, y nos acordamos por ejemplo del L'alchimiste, anunciado como 8c por un Phil Moser y decotado a 7b por Fred Tuscan, la anécdota hace sonreír y no tiene mayor consecuencia. Cuando una escaladora de muy alto nivel se permite hinchar regularmente las cotaciones de sus vías, de convertir un flash o una vía con ensayos en un "a vista", o simplemente inventar encadenamientos, es todo el sistema el que se resiente. El problema aparece cuando todos estos hechos se conocen en el “medio” escalador (deportistas, marcas, medios...) y cuando nadie (kairn.com incluido) no dice nada para no levantar el escándalo.
¿Qué podemos hacer? ¿Dejar que el “troll” sueco insinúe que es un complot y aprovechar la polémica para aumentar su audiencia, mientras la escaladora se hace la víctima y continúamos pensando que los lectores son idiotas para no levantar polvareda? Es lo que hasta ahora está haciendo todo el mundo, y la impunidad ha permitido estos atropellos cada vez más sonados y frecuentes.
¿Qué necesidad hay de hacer todo esto cuando se está al más alto nivel?... Buena pregunta. Quizá la necesidad de dejar una marca propia en la historia de la escalada, de la autosatisfacción de ver escrito su nombre en la Wikipedia con unas realizaciones tan destacables como falsas, esperar convertirse en una leyenda... Pero las leyendas construidas sobre mentiras se olvidan pronto y queda el sentimiento de un gran revuelo.
Actuar así a favor de un escalador o escaladora implica una gran responsabilidad, la de destruir un sistema, la confianza, la relación que hace (¿hacía?) de la escalada un actividad aparte. Nos hubiera gustado no haber llegado a esto.
Cedric Larcher, Pierre Délas (Kairn.com) Fuente base del texto en español: desnivel.com
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